El escenario que nos presenta la vida y obra de Anthony Flew es muy interesante en el debate que impera entre ateos y religiosos. Queremos dejar claro que nosotros nos desmarcamos de dicho debate, que suele darse en Occidente sobretodo entre ateos y cristianos. No abogamos por la verdad de una única religión en concreto, sino por la riqueza y el valor que nos aporta la religión, la religiosidad, y sobretodo la mística. Hablamos de la Vía Interna como camino necesario para el desarrollo completo del hombre: anímico, espiritual y sensorial.
Igualmente Flew nos muestra dos caras de un mismo anatema: el ateo empedernido, soberbio, individuo propio de la modernidad, el cual nunca fue, y el ateo muy ateo pero que no deifica su propia postura (paradojicamente) el que está abierto a pruebas y experiencias que le hagan cambiar de parecer. Este segundo fue Flew que a la edad de 888 años fue capaz de comprender a Dios (no desde ninguna religión concreta), veámoslo:
PROBLEMA Y DIAGNÓSTICO DE LA MODERNIDAD: la mente moderna por antonomasia hace creer que “la razón y la ciencia nos dice que la creencia en Dios es una estafa que ha servido para mantener al rebaño manso y adorando a una figura inexistente como método de distracción.” (Flew en «Dios existe») Pero el hecho de que las instituciones hayan usado y pervertido las religiones para dominar, no debe pervertir a la religión en sí. (art diferncia religion vs institucion religiosa) A parte de esto, se propugna la idea de que la “evolución” nos ha dado las herramientas para liberarnos de aquellas creencias que pertenecen a la infancia de la humanidad. Y por ello aquel que en el siglo XXI mire hacia Dios (sea cual sea el medio), es una persona involucionada, irracional y un mero creyente lejano al conocimiento “racional”. Pero aunque no lo crean, aquellos que, o por convicción o por relato niegan lo divino, su naturaleza inconscientemente busca un sucedáneo que llene el vacío que no sacia esa necesidad religiosa como sed ontológica (véase artículo del ateismo a Dios), es decir, como anhelo por hallar el sentido último y la verdad fundamental del Ser.
CUESTIONAMIENTO: ¿Qué es ser?, reformulamos: ¿Cómo que soy? el ‘qué’ lo responde nuestra propia experiencia de la existencia, el por qué es un tanto absurdo, ¿por qué tenemos nariz? para respirar, pero ¿por qué?… El por qué implica un cuestionamiento a cuya respuesta no tiene acceso el hombre, si es que tiene respuesta, quizás solo Es.
Rellenar ese vacío es la actividad propia del hombre profano ya que se esmera en hacerlo fuera de los mecanismos tradicionales (en el sentido en que han sido transmitidos desde antiguo) unicamente porque considera que su ser evolucionado y racional debe escindirse de todo aquello que traspase los límites de la modernidad. Es la soberbia prometéica propia del moderno. No busca un fundamento en sus acciones sino una rebeldia sin causa, una confrontación de base solo porque cree que es el mejor producto humano que ha existido nunca, gracias a su supuesto conocimeinto y técnica, sin querer ser consciente que por ejemplo, un medieval medio sabia mucho más y aplicaba mucho más que un moderno promedio que le echa veneno a su comida y que se rodea de tóxicosen pos de su modernidad y «progreso» (articlo: la gran mentira del progreso).
Pero, no puedo pretender llenar de conexión con lo trascendente un vaso, y tampoco puedo saciar esa sed espiritual con agua. Por ello, esta famosa frase de: “quiero sentirme realizado” usando el éxito en el trabajo, el dinero, la riqueza, las relaciones, solo llevan a una frustración supina y a una insatisfacción bárbara. Se genera una disonancia entre lo que profundamente anhelamos y lo que nuestra mente piensa que es la negación total de este anhelo fundamental. Ahí nace la gran enfermedad del hombre.
Tras esta breve exposición general, pasemos a ver la COMPRENSIÓN Y TESTIMONIO DE UN ATEO CONVERTIDO
Un hombre que negando a Dios durante gran parte de su vida, se transmuta hacia una comprensión digna de Dios, y digo digna porque muchos que critican o incluso creen relatan a un Dios de cuento infantil, superficial, lejano a la dimensión trascendente (ejemplo paradigmático: Spinoza con su dios-naturaleza)
Dios es silencio, es inefabilidad, trasciende el lenguaje humano, por eso muchas veces es tan difícil de comprender (igual para unos servidores). Como humanos (aparentemente, en un primer estadio) no tenemos otra opción que comunicarlo e intentar describir en palabras aquello que escapa de ellas, aunque el arte, la música, la danza son formas que subliman y pueden llegar a transmitir dicho sentir inefable: Dios.(artículo el arte como camino y espresion a dios)
Flew, nos habla, en su obra “Dios existe”, de su llegada a Dios desde una “peregrinación de la razón” socrática, siendo la herramienta que es capaz de orientarnos hacia el conocimiento verdadero.
¿No es acaso un acto de involución negar todo lo que durante siglos y siglos los hombres de todas partes del mundo han afirmado con convicción, han estudiado, han conectado, han contemplado y nos han legado? ¿No es eso en vez del progreso para el moderno, el verdadero anti progreso?
Pues Flew siendo años y años un crítico del teísmo y un defensor del ateísmo mantuvo una actitud contraria a la que hace referencia el prólogo a la edición española, por Francisco José Soler Gil del ateo académico promedio como: “el odio, la rabia cientifista” No es la verdadera ciencia la que trata así a Dios, pues (como también expone en el libro) sabe que su camino acaba donde empieza el de la religión.
La distinción y escisión entre ciencia y religión es extremadamente reciente, hasta antes de la ilustración eran cuestiones conectadas, así lo avalan infinidad de científicos que fueron teólogos y que hablaron abiertamente de ello como Einstein, Hawkings, Heisenberg, Plank, Schrödinger…
En el libro de Flew donde explica su «conversión» al teísmo expone gran cantidad de teorías (científicas a la moderna) que concluyen en la existencia de Dios y aquellas que en un principio pretendían negarla no consiguen hacerlo. “La ciencia sólo puede avanzar si el científico adopta una visión del mundo esencialmente teológica”, dice Paul Davies.
La oposición entre ciencia y religión moderna, se podria reformular entre cientifismo y religión, porque la verdadera Ciencia primordialmente culmina en la Teología. ¿Cómo?, de la misma manera en que se desarrolla la vida teórica, o contemplativa del filósofo:
Primeramente surge una innata admiración y asombro por lo que podríamos llamar Dios (y antes de referirse a él como tal, la intuición de algo superior que ordena, crea y rige), seguido de la pregunta de ¿por qué lo que es es?, lo que nos hace sumergirnos en una investigación eminentemente de lo Físico. Esto nos lleva a concluir en que el por qué último está más allá de lo Físico, está en la Metafísica, la Teología. Lo físico nos da el pie de apoyo para llegar a lo metafísico. Este es el devenir intelectual propio de Aristóteles (teólogo natural).
La observación de la naturaleza despierta la necesidad de que esté regida por un orden superior, ¿acaso el azar es capaz de regir la perfección?
NO
Es admirable que Flew, como filósofo ateo reconocido, nunca se dedicara a matar a Dios, sino solo a intentar refutarlo. Aquellos que desean matar a Dios solo pretenden erradicar de las mentes ajenas dicha creencia. Existe una lucha del nihilismo, el relativismo, y la aniquilación del sentido contra todo lo que no es ello mismo, y es bien peligroso, pues la destrucción de todo paradigma metafísico, conlleva la destrucción del hombre en su sentido y “realización” última.
Las consecuencias de esta desaparición son graves: una crisis epidémica que se expresa claramente en la Psyché. La ruptura forzada e impuesta por el dogma del ateísmo (pues lo normal es ser ateo, y ser teísta es extraño) ha generado una separación traumática (disonancia). Se ha secularizado la vida moderna.
Vacío e incomprensión rigen la pregunta sobre ¿qué hacemos aquí?, ¿de qué sirve nuestro paso por el mundo?, que por supuesto se encuentra huérfana de respuestas.
EL PELIGRO: la aparición de sucedáneos de la religiosidad, como son las sectas, los sincretismos superficiales y la mezcla gratuita y sin sentido de diversas tradiciones mal entendidas, espiritismos, esoterismos oscuros… que intentan saciar esa sed pero que no lo consiguen pues son superficiales e incoherentes.
Volviendo a Flew, es una noticia esperanzadora la de su “conversión” y su defensa pública, pues es probable que se le tenga más en cuenta que a un cristiano (por ejemplo) de toda la vida. Porque la creencia inoculada de que las personas que profesan alguna religión, o que se interesan abiertamente por esta búsqueda, y se sienten atraídas por el ámbito trascendente, son cobardes que no quieren mirar a la vida de frente, y rehuyen de ella resguardándose en una creencia infundamentada, es generalizada. En cambio Flew al hablar abiertamente ‘suaviza’ el debate público, pues una autoridad intelectual como él se atrevió a cambiar de opinión.
En cuanto a las argumentaciones sobre lo que es Dios, considero que si el debate se hubiera dado en Oriente, donde las religiones se orientan (nunca mejor dicho) hacia una concepción más etérea de lo divino, como inefable, sería completamente distinto el hecho de ¿cómo es Dios?, ¿qué hace?, ¿qué quiere?.
Está claro que el lenguaje es un gran obstáculo y a la vez un facilitador. Por definición limita, categoriza y por tanto humaniza, lo cual es problemático para comprender a Dios. Nuestra humanidad en cierto sentido pervierte la concepción sobre Dios porque le pone límites.
En relación a su relato sobre el momento de su revelación sobre su teísmo, resaltamos:
- Nos parece muy estimulante y revelador que dijera: “Mi alejamiento del ateísmo no fue ocasionado por ningún fenómeno o argumento NUEVO.” Fascinante coz al hombre moderno que cree que precisa de la novedad para progresar. Además se ha obcecado tanto en la negación de Dios por una asimilación en su identidad a él.
Me explico: la crecida de la técnica y la capacidad de dominación, de poder y de instrumentalización de la naturaleza por parte del hombre, le hace creer una especie de fantasía divina donde todo lo que creía que era Dios (obviamente entendido muy parcialmente), ahora lo es él, de esta manera lo rechaza porque al parecerle que se ha convertido en un hombre todopoderoso gracias a los “avances de la modernidad”, ¿de qué le sirve Dios?.
Y ahí está la clave, Dios no es un hombre todopoderoso sino que es una realidad trascendente que explica, que nos hace comprender, y que nos conduce a una vida donde lo que imperan son las respuestas, pues ese estado en comprensión y admiración es una respuesta en sí misma.
Por ello me maravilla que nada nuevo sea lo que le ha dado esta respuesta a Flew, sino, reseguir allá hasta donde la razón le hizo llegar: a una comprensión natural, una Teología natural.
Y, ¿AHORA QUÉ?
Y la segunda y última cuestión: me gustaría haberle hecho una pregunta a Flew:
-¿Su vida ha cambiado después de conocer y sostener la certeza en Dios?
Quien se acerca de alguna manera a Dios debe percibir un cambio, pues considero que dejas de tomar una actitud contra el mundo, y comprendes, obtienes seguridad ante lo que piensas, pues la vida se torna sosegada porque hay un sentido, y ese no es arbitrario: muestra un camino, más que de búsqueda, de encuentro.
Si me hubiera dicho que no, algo me preocuparía, pues si el acercamiento teológico no remueve algo en ti y sacia ese anhelo profundo del que hemos hablado, hay algo que está fallando, quizás un ansia por conocer analíticamente, por probarlo pragmáticamente, por pretender satisfacer el ego, aquel que hemos comentado de los que se creen hombres dioses y no precisamente el Hombre Dios que es ‘Theios Aner’, sino esos hombres dioses “profanos”.
Si el cabalgar de la razón te conduce a Dios y no te aleja del ruido de la disputa, de la confrontación y de una ambición puramente erudita y no de un entusiasmo por la sabiduría, quizás los motivos por los que consideras a Dios están alejados del camino Metafísico, que en última instancia te lleva a trascender las categorías humanas, a su vez haciéndote más humano y a la vez acercándote más a Dios, pues COMPRENDES.
El fin, si es que lo hay, es ese Hombre Sabio, ese Hombre de Verdadera Ciencia, ese joven que expone Parménides (artículo del ateismo a Dios) que sabe recibir, que integra y que sobrepasa los límites de la “mente débil y frágil” que Flew describe:
“Mi religiosidad consiste en una humilde admiración hacia el espíritu infinitamente superior que se revela en los leves detalles que somos capaces de percibir con nuestras frágiles y débiles mentes”
Retornemos hacia el encuentro con la sabiduría:
“Si el razonamiento del capítulo precedente es correcto, no hay buenos argumentos filosóficos para negar que Dios sea la explicación del universo y de la forma y del orden que exhibe. Siendo esto así, no hay ninguna buena razón para que los filósofos no vuelvan una vez más a la concepción clásica de su disciplina, dado que no hay formas mejores de obtener sabiduría.”
