Se suele pensar que las únicas y más valiosas iniciaciones son aquellas que ocurren bajo el manto de algún grupo selecto, alguna sociedad discreta o alguna institución, donde se revelan conocimientos sublimados y exclusivos y donde solo acceden personas relevantes por su poder, conocimiento o estatus. Pero de la misma manera estos grupos generan un límite, un cerramiento de dichas claves iniciáticas, lo cual me parece absolutamente lógico «no des a los cerdos margaritas» y «el maestro solo transmite su sabiduría a los oídos del discípulo y aprendiz adecuado» y a la vez ilógico, pues considero que es una manera burda de entender y acatar las palabras citadas.
Eso está más que claro. No es solo que no se deban exponer ciertos asuntos a personas no preparadas, sino que aunque se expongan estas no comprenderían y lo que es peor, pervertirían a causa de su incomprensión y de una interpretación fallida, eso es básicamente lo que hace la disidencia controlada, hacer creer a unos cuentos que tienen un conocimiento exclusivo, pero que en realidad es superficial y por tanto pervertido, pues él no te va a ayudar a sublimarte como ser humano, al contrario te arrastra más a la inmanencia pues te hace preocuparte por la mundanidad constantemente.
Pero, ¿quienes realmente no pueden asumir dicha iniciación fuera de los límites de los grupos selctos? Pues efectivamente aquellas personas que están absolutamente inmiscuidas y absorbidas por la distracción y separadas totalmente del camino de verdadera espiritualidad, el que enciende el ser interior, la llama que dota de sentido a la vida, el verdadero sentido, que no es precisamente venir a trabajar, a sacrificarse y a endeudarse.
Pero más allá de estos profanos que se encuentran a los margenes, simplemente, de la Vida en su complitud, que niegan la parte fundamental y trascendente, incluso de ellos mismos, el hombre está diseñado para sublimarse, para comprender, para hallar un sosiego que es sinónimo de vida bien empleada, vida empleada como aprendizaje, autoconocimiento y expansión.
La iniciación de la que nos interesa hablar en este artículo no tiene nada que ver con las que ofrecen dichos grupos y sectores de la sociedad. Realmente algo si que tienen que ver, los procesos iniciáticos te abren hacia un camino nuevo, un nuevo inicio tras una muerte simbólica, cuestión representada en la mayoría de ritos de paso de estos grupúsculos de personas que pertenecen a asociaciones y comunidades iniciáticas y/o discretas.
Es la propia vida un proceso iniciático, que no todos consiguen transitar, de la misma manera que en las comunidades iniciáticas, este proceso esta hecho para quienes deseen comprender e inmiscuirse en las profundidades y abismos del alma y sus pruebas consciente o inconscientemente.
La literatura y la mitología desde antiguo están repletas de historias iniciáticas, viajes de transformación y pasos hacia una versión transmutada de uno mismo. En apariencia solo parecen contarte un relato y una serie de aventuras y calamidades, pero la profundidad simbólica vislumbra el camino del individuo hacia su descubrimiento. Desde el Poema de Gilgamesh, hasta Odiseo, pasando por Siddhartha, Don Quijote de la Mancha, regresando al propio Cristo o llegando hasta los estudios del psicoanálisis que parten de experiencias paradigmáticas y arquetípicas, modelos en las vidas de las personas que se repiten en la singularidad del hombre haciéndoles atravesar pruebas y obstáculos para fortalecer su ser y acercándolos a una vida auténticamente iniciada.
El traspaso de la Iniciación tiene una carga simbólica impresnieonate pues es la Vida elegida por ti. Es el nacimiento que tu propicias dando el paso hacia una muerte de tu yo anterior elegida hacia una nueva vida en Elección. La alquimia y sus códigos nos ayudan para comprenderlo mejor. EL hombre putrefacto en origen, para el judeocritiansimo, pecador en el estado de perfección, el Paraíso, arrogante por naturaleza, se aboca a una vía donde se le otorgan ciertas herramientas para transmutar su putrefacción (su metalidad pesada) en el Oro, en la mayor sublimación. Es este paso dado por un sujeto, siguiendo con el ejemplo, es el alquimista que mediante los procesos que sigue realiza dicha operación. El athanor no es más que el propio ser del individuo que transita por las diversas etapas de corrupción absoluta, purificación, ascensión y Rubedo, la trasnmutación última que podemos asimilar al renacimiento tras la muerte simbólica que se da porque el Iniciado está en el momento adecuado para generarlo. Solo se pasa al Rubedo desde el Albedo, no se puede saltar de un estadio a otro, de la misma manera la vida y la existencia humana constituye un camino iniciático que posee como punto de inflexión o cúlmen la Gran Iniciación, que pese a lo que algunos quieren que creamos, se puede dar hasta en el panadero analfabeto de 90 años que no fue a la escuela. La Iniciación no va de saber mucho (aunque no va en contra tampoco), no es necesario. Es suficinete y necesario hacerte consciente del verdadero motivo por el que estás aquí, ahora y siempre.
¿Qué mejor iniciación hay que experimentar la vida? Su mundanidad y su trascendencia.
La vida en si misma está llena de iniciaciones y un tránsito por ella consciente y lejos de la vacuidad y la distracción del alma te coloca en la posición de básicamente enterarte de que tus vivencias son más que un mero dato biográfico, trascendiendo la linealidad, otorgan una conexión con los símbolos, arquetipos y en última instancia el Sentido en mayúsculas hace cumplir el requerimiento de Dios al crearnos de que los hombres sean capaces de elevarse, de aprender de su condición humana y de sublimar sus almas por medio del encendido del fuego espiritual, del hálito vital entregado para otorgarnos vida. Vida como camino de aprendizaje físico y metafísico.
De ello hablamos, de experiencias transformadoras y a la vez arquetípicas fundantes en el hombre como receptor de las mismas.
Ontológicamente ellas son las que constituyen el paso vital del hombre, momentos que generan un antes y un después. Estas generan pequeñas transmutaciones que preparan par el verdadero paso en la Iniciación, el cruce del lago estigia o el último trabajo de Hércules o el regreso a casa de Odiseo, son momentos de escisión. Escisión con otro tu y de reunión con un tu más tu. Esta es la situación iniciática por antonomasia: la muerte simbíolica, en la cual emerge una revelación: ahora los ojos son capaces de ver un poco más, surge una epifanía en ti.
Las pequeñas iniciaciones a lo largo de la vida y la Gran Iniciación.
Esta muerte anuncia una ruptura con lo preconcebido que supone sin más dilación una apertura hacia una mayor comprensión y una verdadera experiencia interna. El acontecimiento externo solo es un espejismo del que muchos no logran escapar. La vida te presenta la situación para que tu encuentres la puerta que te muestre la verdadera realidad de dicho suceso externo, solo es un telón de fondo que debes abrir para revelar la obra de teatro. La realidad es que todos transitamos este tipo de situaciones pero la mayoría se anclan en la superficialidad pues sus ojos solo son físicos. La experiencia arquetípica se vive cuando uno comprende que lo relevante no es el hecho superficial sino lo que trae consigo metafísicamente y en su totalidad.
Debemos reescribir el signo, la señal para alcanzar a comprender el sentido, que entraña la úncia senda hacia la experimentación total del arquetipo en cuestión y posteriormente el sobrepasarlo. Un arquitipo no es molde en el cual debamos acomodaarnos, es un lugar por donde pasar, eliimnando precisamente todo confort para tras él romperlo como a una limitación más.
Algunos cometen el error de anclarse en los arquetipos, pues sienten que les ofrece una relevancia que desde su individualidad no alcanzan, sobre todo una atención que pretenden atraer. Eso es precisamente una contra-iniciación, el modelo, el arquetipo está para enseñarnos, no para identificarnos, para identificar todo nuestro yo con él, porque es otra manera, aparentemente sofisticada a ojos del profano, de eliminar nuestro ser propio y aniquilarlo en las limitaciones de algo ajeno, en este caso un arquetipo.
Cuando buscamos una identidad en lo ajeno solo demostramos una carencia absoluta de vida, de espíritu, de ser propio.
De aquí nacen estos falsi-iniciados como son por ejemplo los líderes mesiánicos que fundamentan su identidad en la identidad de otro que encaja en cierto arquetipo, o sin ir más lejos aquellos que transitan una vida dentro del modelo de víctima victimoide (artículo sobre el complejo de víctima), también se autoencierran en un modelo que creen que les exime de la responsabilidad de sus existencias. Craso error.
Una iniciación es un momento vital, incluso temporalmente circular, en el que en el athanor de un alquimista surge un nuevo yo, más consciente y que trasciende los arquetipos por los que pasa y que le ayudan a iniciarse, le acercan más al verdadero horgar. La iniciación es pasar por el símbolo de la muerte. Eso, pasar por él, no arraigarse.
