Quizás decir que la metafísica está rota, tras Descartes, como eje vertebrador de este cambio de “estado” en la filosofía primera sea un tanto pretencioso por mi parte; pero lo que no lo es, es afirmar que Santo Tomás de Aquino supuso y supone el culmen en la búsqueda del fundamento primero, cúlmen porque sintetizó a los más grandes y porque se atrevió a razonar más allá de la revelación de la fe sin que eso supusiera ir en contra de esta, supo armonizar fe y razón pues la verdad es una y se contiene en ambas vías de alcance de conocimiento.
Desde mi punto de vista, convertida la “filosofía” en adiestramiento ideológico, en destrucción de lo pasado por pasado y en el paso de “la verdad os hará libres” (Juan 8:32) a un: la libertad os hará verdaderos me veo en la necesidad de hacer una oda a esa filosofía primera ocupada de lo relevante por antonomasia, a proclamar la urgencia de un retorno a la verdadera búsqueda fundamental de la metafísica que es la que se articula en torno al Ser.
El objetivo es convertirnos en buscadores de la verdad, Santo Tomás recorre ese camino y una de las verdades a las que llega es: la creación ex nihilo.
En la tesis citada1 se cita un fragmento de Fabro que dice: “la creación es para Santo Tomás una verdad que se puede demostrar de modo apodíctico y el argumento principal, que llega a ser el único en las obras de madurez, es el principio de la participación” pues es incondicionalmente y necesariamente verdadero, llega a demostrar por vía de la razón la creación que será lo que aquí trabajaremos.
Nos centramos en la cuestión 44 y parte de la 45 de la Suma Teológica3 donde se expone la cuestión de la creación, lo cual implica un don del ser por parte de Dios en contraposición de otros grandes autores que tratan la metafísica pero que no alcanzan a asumir la creación.
Aquino lo hace con tal maestría que es capaz de reunir a estos otros usándolos de soporte en ciertos aspectos para conseguir su objetivo: la demostración de Dios y de la creación por vía metafísica, por vía de la razón (más allá de la afirmación de ello por parte de la fe), en un tránsito desde el ente pasando por el ser hasta Dios de regreso al ente.
Es justo en ese punto culminante en la llegada al Ser, a Dios, al puro acto de ser, en el que nos centramos aquí y en el momento en que se desarrolla la noción de crear, es decir la donación de Dios a los entes de ser.
Por ello el ente dice razón de ser, lo cual no significa más que, el ente es un punto de partida que incita a la búsqueda de su razón de ser, pues no siendo por sí, debe ser por otro el cual a su vez sea por sí, sea pues la razón de ser de los demás entes y por ende aquello que compone y que dota de ser al ente siendo este esse y essentia.
En todo ello entran en consideración diversas nociones que debemos tener en cuenta para comprender la noción de creación y comprender la radicalidad que supone en comparación con Aristóteles y Plotino, los cuales están lejos de acometer una metafísica de la dotación de ser, es decir de la creación.
Razón y fe en el estudio metafísico de Dios
Tomas de Aquino es una figura extremadamente relevante en la filosofía y en la Iglesia, intelectual y místico que no se conformó con la advertencia de la autoridad religiosa ni la fe únicamente, sino que obró desde la razón para demostrar a Dios, pues es demostrable y asumible por vía de razonamiento.
Es un autor que brilla por su humildad, reconoce aquello que no es demostrable por vía de la razón y reconoce el deber del uso de la razón pues Dios nos la otorgó, y por ello nada más debe ser constituyente de nuestra actividad humana.
La metafísica que le precede
Usaremos tres faros en este mar metafísico para guiarnos en nuestra explicación. Sirviéndose del recorrido del curso usaremos a Aristóteles, Plotino y por supuesto Santo Tomás de Aquino, entre otros. Una de las cuestiones que motiva esta empresa es la completa admiración que nos supone vislumbrar cómo Santo Tomás es capaz de considerar el trascendente absoluto.
Y como es capaz de mostrarnos que aunque se sirva de otros autores (Aristóteles, Platón, etc), de los que sus investigaciones no han alcanzado trascendentalizar por completo la metafísica, al revés permanecen en un orden inferior a aquel el cual el razonamiento humano puede alcanzar.
Ver cómo es capaz de argumentar es sorprendente cuando desde la ignorancia, al descubrir a autores como Aristóteles o Plotino que te deslumbran y maravillan en sus argumentaciones, al salir de su cosmos particular y su corpus filosófico es cuando te das cuenta de que se puede hacer “más”, es decir cuando ves que hay un trascendente más trascendente más allá de ellos, lo cual no los desvaloriza en absoluto (al revés les confiere una enorme relevancia, pues son capaces de activar la contemplación y la admiración).
Y es por ello por lo que nos surge gran admiración por Santo Tomás, por su humildad intelectual y por su conciencia en el uso de dichos autores que le ayudan a culminar la obra metafísica en una metafísica insertada en el orden de lo real, de lo verdaderamente trascendente como gran novedad y actualización de la filosofía primera.
La diferencia fundamental entre Santo Tomás y los demás autores que hemos mencionado es el lugar hasta donde llega cada metafísica. Aristóteles alcanza el orden categorial, Plotino un orden trascendental que reposa en el Uno, pues desde ese punto de vista la trascendentalidad absoluta es cuestionable, ¿acaso el Uno no es porque antes es el Ser?
Platón atisba una metafísica de las formas, pero ¿cómo diferenciamos de la Forma y las demás formas? No hay un mecanismo de discernimiento del último trascendental, al igual que en Aristóteles.
Pero lo verdaderamente relevante es la derivación del mundo de los entes. ¿De dónde, cómo aparecen, como llegan a existir? ¿De qué manera son expulsados a la realidad? Cualquiera de los verbos que usemos va a connotar esta “derivación” del ente en ente, como lo que es llegar a ser lo que es. En la tesis citada se expresa con una fórmula muy clarificadora: La filosofía griega llegó a “explicar por qué es lo que es, pero no por qué es”4
Es decir, tanto Platón como Aristóteles nos habla del “mecanismo” por el cual lo que es, es, por ejemplo, en Aristóteles es el Primer Motor Inmóvil, la causa del movimiento físico y metafísico, la causa de la vida, del ser, pero ¿por qué es? por qué motivo y no solo por qué cosa, por qué ente, sino ¿por qué? ¿Cuál es la causa de ser de lo que es?
Ahí es donde Santo Tomás es asombroso porque da paso al Actus Essendi, la razón de ser de todo ente. Aristóteles no ofrece a Dios una posición fundamental pues la materia prima coexiste con ese Primer Motor Ínmóvil, no se traslada a un orden trascendente completo, “hay cables sueltos” que expresan que pese a que ha hecho verdaderas proezas intelectuales deben venir otros que sepan reconocerlas y actualizarlas hacia una metafísica en el orden de lo real, trascendiendo el orden formal.5
En cambio, también vemos en Plotino que pese a su afán de buscar un primer trascendental jerarquizado (el Uno) llega a una metafísica de la generación, del engendrar. Aunque en comparación con los anteriormente mencionados fórmula que todo procede de Dios, íntegramente asociado al Uno, novedad frente a Aristóteles y Platón (que considera a Dios como constructor de la realidad más que como creador).
Bien diferente al crear, lo que se engendra procede de otro, se genera con cierta parte de ese otro. Podemos hacer una analogía con el ser humano, los humanos engendramos otros seres, pues desde nuestro ser (en el sentido amplio de la palabra, no estricto como parte de la composición del ente) se engendran otros a partir de nosotros, es una comunicación de la vida a partir de algo que posee cierta similitud en su naturaleza, hay un “parentesco”, una interrelación.
Aún así en Plotino, lo engendrado desciende en la jerarquía de lo real progresivamente. A diferencia de la creación que se da por parte de un ser distinto a lo creado, hay una distancia entre el creador y lo creado, además de que es ex nihilo, es decir se da la creación desde nada preexistente.
Este paso de la generación, la procesión, la engendración a la creación, en concreto ex nihilo que demuestra Santo Tomás (razonando sobre la tesis religiosa del cristianismo) sirviéndose de la noción acto-potencia de Aristóteles y la noción de participación platónica, entre otras cuestiones de otros pensadores (como Avicena, gran intérprete de Aristóteles) es lo que motiva este estudio.
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1Sanz Sánchez, S. (2007). Metafísica de la creación y teología. La racionalidad de la idea cristiana de creación a la luz de Santo Tomás de Aquino [Tesis doctoral, Universidad de Navarra]. DADUN [Depósito Académico Digital Universidad de Navarra].
