El tránsito hacia la creación
El punto de partida en la cuestión 44 de la Suma Teológica de Santo Tomás, una vez postulada la necesidad del Ser, explica cómo el Ser comunica el ser fuera de él, creando pues a los entes, retornando al punto de partida inicial que motiva esta búsqueda. El ente creado es un espejo de Dios, primero nos hace vislumbrarlo, demostrarlo y después podemos entender que el ente es creado precisamente por el Ser. Dios deja huella en lo ente, que queda sellado por su creación.
Santiago Sanz Sanchez en su tesis explica este camino circular a la perfección: “se parte de un principio metafísico, ilustrado con un ejemplo tomado del mundo físico; a continuación se realiza la aplicación de ese principio al ser mismo de las cosas; concluyendo, en fin, con la necesidad de que haya una causa propia de ser.”
La donación del ser constituye la noción tomista del acto de ser, el cual se explica gracias a la noción de participación platónica, por la que el ser dado por el Ser participa como acto de ser en el ente en la medida en que es dado, es creado y por tanto arrojado a la existencia, o mejor dicho arrojado al orden de lo real, sale hacia fuera.
Una vez más vemos una analogía de ello en el ámbito de lo físico, de lo sensible: el bebé traspasa el umbral hacia el exterior, es decir, la madre da a luz al hijo que lleva dentro, y lo arroja al mundo. El puro Ser metafísicamente hace algo similar, pero desde el crear y no desde el engendrar: da a luz al ente gracias al don del ser que le constituye como ente en composición con la substancia o esencia.
En la cuestión 44 Santo Tomás ya sostiene un bagaje de demostraciones anteriores en la propia obra y en otras sirviendo así dicha cuestión como síntesis de lo tratado con anterioridad. El primer artículo es el que fundamentalmente constituye la pregunta que nos hacemos en este estudio: ¿Es necesario que todo ente haya sido creado por Dios?
Santo Tomás nos sitúa en el orden de lo real, la pregunta constituye si el ente es también criatura. Inicia la cuestión argumentando que: “Es necesario decir que todo ente que de cualquier modo tiene ser lo tiene de Dios, porque si algo se halla en él por participación, necesariamente es causado en él por aquel a quien el ser conviene esencialmente.”
Aquí convergen dos cuestiones claves, la composición y la diferenciación ser-esencia (esse-essentia) y la noción de participación. Lo vemos con claridad en esta frase: “Crear, es pues dar el ser, pero como acto participado, lo cual es propio solo de Dios.” (I. Guiu) Un gran resumen sobre este primer fragmento que da inicio a la cuestión 44.
El acto de Crear es propio de Dios pues es el que da el ser a los entes compuestos de ello y de esencia, él en sí mismo no posee esencia, es puro acto o esencialmente ser. Pues se sigue diciendo que Dios es por sí, es decir, posee el ser por sí, ¿por qué?
Porque carece de esencia, de diferenciación de especie, es el ser en él esencial, su esencia es no tener esencia que le diferencie del ser, no hay composición en él, por ello es un ser puramente subsistente por él mismo, por ello es puro acto de ser.
Y aquí está una de las grandes revelaciones de Santo Tomás frente a Aristóteles, este asimila a Dios como Puro Acto, pues no converge en él un ápice de potencialidad, es necesariamente, no hay posibilidad en él de no ser, pero Santo Tomás camina un paso más allá.
Sí, Aristóteles tiene razón, pero Santo Tomás trascendentaliza y absolutiza a Dios con la añadidura terminológica del puro acto de ser, que no es más que una concreción en aras de explicar que Dios, da el ser porque es puro acto y porque es puro ser, conformando así la noción fundamentalisima del tomismo del actus essendi.
De esta manera se explica el por qué es, por qué se transmite el ser. Porque lo transmite un Ser que es puro acto de ser y por ello es capaz de comunicar el acto de ser por participación a los entes, creados por él y por tanto criaturas.
Aristóteles demostró la anterioridad del acto sobre la potencia, quedándose en el orden categorial (no por ello menos valioso, pues supone un gran y enorme fundamento metafísico) pero Santo Tomás afirma que: prima rerum creatura est esse y por tanto demuestra la primerísima anterioridad, preponderancia y creatividad del ser, en concreto del Ser, lo que contiene todo acto de ser. Del, por qué es lo que es, al por qué es.
La aportación fundamental tomista es el acto de ser ligada a la recuperación de la noción de participación platónica. Ello nos lleva hacia ese tránsito hacia la creación, la perfecta síntesis de los maestros de la metafísica hecha por el maestro que alcanza la última y primerísima noción trascendental: el Ser.
La combinación de dichos factores llevan a una única dirección: la necesidad de la Creación. Pues aquello que da la vida, el ser, no precisa de nada más para hacerlo, no hay medios trascendentales, ni materias caóticas colaborativas en el acto de engendrar, ni procesión jerárquica y descendente en dignidad. Todo lo que es, es porque participa del acto de ser del Ser y por ello es creado.
Sobre la noción de participación
Debemos considerar la participación en el sentido trascendental, es decir, aquello participado está en los participantes en grado y no lo poseen por sí, sino que procede de un ser externo, en concreto el Ser. La participación trascendental comprende al ente que participa de algo lo cual no pertenece a su esencia, es ese algo (el acto de ser) que entra en composición con la esencia lo que la criatura recibe con total exterioridad.
Dicha participación indica que aquello de lo que se participa no se posee por esencia, ni naturaleza, que es dado por algo que sí que posee eso participado por esencia, en concreto Dios, siendo ser esencialmente o dicho de otro modo, no teniendo esencia sino puro ser.
Dicha necesidad del ente para ser por un Ser subsistente por sí genera la necesidad directamente del ente como creado, pues lejos de ser engendrado de algo hacia algo, es creado externamente porque Dios dona su acto de ser para constituir a la criatura.
